Marzo y su única cara

marzo

Las cifras de cesantía han generado un debate, a pesar de que muchos creen que éstas han quedado cortas. Más allá de la ironía, somos primeros en desempleo.
Pero la fuerza de la desidia y del conformismo es de mucho antes .Nos miramos y nos sonreímos. Parece que creemos demasiada en la retroalimentación. Y no basta.
Los suicidios, la pobreza material y la otra, la del alma, la más importante, ha servido para mantenernos distraídos o enfocados en por ejemplo, los peligros de las marejadas, o en las confesiones de” una princesa rusa “acompañado además por el morbo como acicate en algunos medios informativos .La mirada tibia y el golpecito, el golpe en la espalda se confunde con la buena crianza.
Pero Marzo está aquí, con la cara desencajada, como nos tienen acostumbrados las financieras y multitiendas.
Un Marzo donde se olvidan las cuaresmas, la caricatura de Marzo, justo ahora donde nos volvemos a sentir en la ciudad triste y pisoteada que dejamos atrás en Diciembre antes de que las toallas y factores 50 nos tomaran de las alas.
El “divide y reinaras”, y “en el país de los ciegos el tuerto es rey “son letras de nuestra canción nacional .Acá los mitos no existen, solos las mentiras como sinónimo de la ineficacia.
Algunas hablan de que la amistad no tiene estatuto, para simular escribir pactos con sangre y no pasan de gatitos demasiados chicos para pelear.
Las farmacias repletas, las colas de nuestros jubilados cobrando una pensión a todo sol, con la respectiva viejecita tomándoles la presión a gamba son las polaroid irrefutables que se obvian en la web patrimonial.
En la Avenida principal la perra con leva y los perritos (esto es literal por si acaso) y los tótems publicitarios. Las ordenanzas se cumplen a la mitad.
Pero parece que nada importa, se pueden enumerar cientos de hechos, podríamos conceptuar sobre las tendencias del poder o del control de éste, tomar cursos más normales o buscar respuestas más satisfactorias.
A veces me basta caminar por las calles adoquinadas de Barrancas o mirar desde Hurtado de Mendoza el río o el mar, o contar las casas que me gustan en Larraín Gandarillas.

Por Aldo Calderon

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